Se puede legalizar el horror, Hitler lo hizo

Publicado el 28/04/2011 ~ 5 comentarios
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Alba Santaeulalia, madre de familia y abogado en Barcelona, nos ofrece esta entrevista en la que sus palabras llenan de contenido y sentido común el natural vivir.

Alba Santaeulalia

Antes de verlo, es interesante pensar que Cristóbal Colón no inventó América, la descubrió. Que la ley natural tampoco es un invento de la cultura humana, es un descubrimiento que cada hombre realiza dentro de sí. Y que de la misma manera que la inteligencia entiende la importancia de respirar para vivir, descubre también que hay comportamientos naturalmente buenos y naturalmente malos. Por esto, cualquier hombre aprecia espontáneamente que el respeto a los semejantes, cumplir las promesas, etc., son cosas buenas y deseables; y que, por el contrario, el odio, la traición, la discriminación, etc., representan conductas detestables.  Ya Cicerón, hacia el 45 a.C., recogió en su tratado Las leyes cómo se descubre y se plantea la ley natural en la filosofía griega y romana:
Sería absurdo pensar que todas las leyes e instituciones son justas. ¿Acaso son justas las leyes de los tiranos? Si el fundamento del Derecho lo constituyera la voluntad de los pueblos, las decisiones de sus jefes o las sentencias de los jueces, entonces el Derecho podría consistir en robar, cometer adulterio o falsificar testamentos, si tales acciones fueran aprobadas por votación o por aclamación popular. Hay, por el contrario, una distinción entre ley buena y ley mala que sólo puede hacerse desde el criterio de la naturaleza. (cfr. Fundamentos del derecho y derecho natural: un fundamento natural)

Para saber qué son los Derechos Humanos es muy útil ver y escuchar este VIDEO

(Para verlo en otros idiomas visitar Juventud por los derechos humanos)

Complementos:
1. Leer el texto completo de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
2. Interesante lo que expone Mª Victoria Jiménez Conde. Una ley supracultural: En mi trabajo docente, me he encontrado hace poco con un fragmento del Libro egipcio de Los Muertos, del Imperio Nuevo – siglo XIII antes de Cristo -, que dice así:
«Traigo en mi corazón la verdad y la justicia, pues he arrancado de él todo mal. No he hecho sufrir a los hombres. No he tratado con los malos. No he cometido crímenes. No he hecho trabajar en mi provecho con abuso. No he maltratado a mis servidores. No he blasfemado de los dioses. No he privado al necesitado de lo necesario para su subsistencia. No he hecho llorar. No he matado ni mandado matar. No he tratado de aumentar mis propiedades por medios ilícitos, ni de apropiarme de campos de otro. No he manipulado las pesas de la balanza. No he mentido. No he difamado. No he escuchado tras las puertas. No he cometido jamás adulterio. He sido siempre casto en la soledad. No he cometido con otros hombres pecados contra la naturaleza. No he faltado jamás al respeto debido a los dioses».
3. La ética puede aprender de la naturaleza (Alejandro Llano)
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5 comentarios Agrega el tuyo »

  1. excelente!!!!!!!!!
    NO DEJEMOS DE DIFUNDIR ESTOS MENSAJES, no somos solo piel y huesos, somo seres sublimes a imagen y semejanza de Dios, en los ultimos años se han legislado horrores, contra la vida y contra la dignidad, ALGUNOS, pero que hacen ruido, nos deshumanizar, NO LOS DEJEMOS, somos SERES HUMANOS.

  2. Me han reenviado tu comentario a mi artículo Estado de Derecho y, efectivamente, es coincidente con lo que aquí dices. Es muy importante difundir esta ideas que, siendo elementales, el pensamiento derivado de Francis Bacon ha ido destuyendo.
    Un cordial saludo

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    […] Es por tanto un camino lleno de ilusiones e ideales, en el que se conjugan estas dos palabras: “competencia” y “excelencia”, como medios indispensable para proteger los derechos de cada hombre, de cada mujer o de cada niño. Cuyo límite infranqueable nadie debería sobrepasar: despreciar estos derechos en cualquier circunstancia o lugar. No es por tanto una meta solo para Estados, organizaciones internacionales, ong’s, etc., sino sobre todo un reto personal que no tiene límite: es un compromiso por el mero hecho de existir. Depende del compromiso personal al que se pueda llegar (cfr. Se puede legalizar el horror, Hitler lo hizo). […]

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