“Las cuatro P” de Harvard y la persuasión de masas

Publicado el 29/09/2010 ~ 6 comentarios
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Hace casi cuarenta años, cuando era estudiante universitaria, se llevó a cabo una investigación con alumnos de diferentes universidades del Este de los Estados Unidos sobre la guerra de Vietnam. La prensa en aquellos momentos se llenaba de noticias sobre la contienda en Vietnam, y empezaron a emitir los primeros reportajes fotográficos que mostraban la realidad de la guerra en toda su crueldad, tal cual.
Hubo un revuelo en la opinión pública. Se objetaba la disconformidad frente a ese tipo de imágenes, por el impacto, cargado de dramatismo real, que generaba en los lectores. ¿Era innecesario este tipo de información? ¿Era manipulación? ¿Es lícito mostrar la cruda realidad tal cual? La investigación buscaba conocer la opinión pública sobre la validez o no, de dar información veraz y completa, o reservarse parte de ésta para no herir susceptibilidades.
Los resultados fueron abrumadores. Un porcentaje altísimo, superior al 90% opinó que tenían el derecho fundamental a ser informados en la totalidad  y en la verdad de las cosas. Surgió además, como consecuencia inmediata, una segunda evidencia y es que: nadie tiene el derecho a decidir de manera aleatoria, por la persona individual, en relación a lo que debe o no conocer de las realidades objetivas.  Esa sería una injerencia, una manipulación –por las razones que sean- en un derecho, también fundamental, que hace referencia a su dignidad como ser humano LIBRE, con capacidad personal de autodeterminación, de conocimiento de la verdad, de tener sus propias opiniones y de tomar sus propias decisiones.
Hoy vemos cómo casi medio siglo atrás, volvía a quedar zanjado con claridad meridiana el LIBRE PENSAMIENTO Y LA LIBERTAD PARA ACCEDER A LA REALIDAD OBJETIVA DE LAS COSAS, por duras que éstas sean.
Sin embargo es extraño como algo que es evidente en la propia naturaleza humana universal tiende, a pesar de todo, a ser sujeto de manipulación por grupos de interés. Surge la esclavitud: un hombre se hace dueño de otro hombre. La vida humana se deprecia hasta límites verdaderamente terroríficos: un hombre no vale demasiado. Los poderosos se encargan de ponerle precio. Esas y  otras atrocidades son un adelanto de lo que la libertad desnortada es capaz de hacer. Todavía hoy en día asistimos a abusos espeluznantes, aunque debieron ser más trágicos los siglos precristianos, a tenor de lo que cuenta la historia.
Hoy sabemos cómo se selecciona la información para generar CRITERIOS DE OPINION, previamente planeados y programados en el tiempo con fines político-económicos y/o de poder. Sabemos que la ley del hombre no es la voluntad de otro hombre que lo maneja, pero también sabemos que las sofisticadas técnicas de marketing pueden suponer una manipulación, pueden llegar a imponer a las personas una necesidad, y llegar a convertirlas en muñecos manejables.
¿Cómo? Fácil: extrayendo las cosas de contexto, dando información parcial. Cambiando en el tiempo el significado de las palabras. Acostumbrando a las personas a cualquier circunstancia a través de la repetición de imágenes o opiniones, por mas anti-naturales que sean y a pesar de la resistencia inicial que generan por lo mismo. Reflejos condicionados, que van penetrando por ósmosis, asociando imágenes -en principio chocantes- a sensaciones positivas. “Formando” así,  mentalidades y opiniones, que no se sabe cómo ni  cuando fueron introducidas en nuestras cabezas.
El procedimiento, conocido como el programa de marketing, ideado por Harvard en los años 70 consiste en determinar:
a- El ”PRODUCTO”: que tipo de idea deseo imponer. Conceptualizar el producto o la idea que se desea vender. Ejemplo, la unión de un espermatozoide masculino humano con el óvulo femenino humano “anima una vida diversa” a los progenitores, pero “¡no es humana!” sino hasta…  ¿Y si no es humana?, ¿qué es?  ¿Podría ser de gorrión?
Cosas que se oyen: “mientras no razone, no puede llamarse humano”. Mientras no tenga toda la forma, no es humano. Mientras viva en un ambiente liquido, no es humano…. Y así  todo lo que se pueda imaginar que sea naturalmente incorrecto.
b- El “PRECIO”: centrándose en el precio  que se paga, si no se consume o no se está de acuerdo con la idea en venta. Ejemplo,  si no aceptas pensar como lo he propuesto, serás apartado o definido como “retrógrado”, “radical”, “inhumano”, “fanático” “reaccionario”, “ignorante”, “intolerante”, etc.;  adjetivos calificativos que procuran estigmatizar a las personas que “se rebelan”, aglomerándolas en un grupo que las  define y se les apuntan como desestabilizadoras del bien común, porque se oponen a lo que ha sido definido por unos pocos, como “progreso social”, por no estar de acuerdo con el cambio de una realidad objetiva humana. Si no piensas como éstos te plantean, pagarás un precio. Satanizando, por ejemplo, a los defensores de la vida humana desde que ésta se “anima” hasta el desenlace  natural, la “muerte” de la vida.
c-    “PROMOCIÓN”: mecanismo que utilizarán para promocionar la idea al público: presentando informaciones distorsionadas en medios de prestigio, para conseguir que la noticia se convierta en verdad ”absoluta”. Ejemplo: ”¡lo han dicho en el telediario….!”
d- Finalmente “PLACE”, a saber el lugar o clientes que serán objeto de la campaña, objetivo de la propaganda. Así se eligen dianas concretas para la campaña, Medios de comunicación; gobiernos; educadores; religiones. Prestando hacia éstas últimas unas consignas importantes.
En este esquema de marketing de “LAS CUATRO P” se basan las técnicas de PERSUACIÓN DE MASAS. A juzgar por los resultados, han sido y siguen siendo muy eficaces. Cada vez más las sofisticadas técnicas de marketing pueden suponer una manipulación, pueden llegar a imponer a las personas una necesidad, y llegar a convertirlas en muñecos manejables. De esta manera el producto puede ser cualquiera: eutanasia, aborto, tercer sexo, comercialización de embriones a la carta, utilización de seres humanos vivos para la investigación, etc.

Sin pretender sacar grandes conclusiones, si caben dos comentarios claros:
1.    Tenemos que aceptar la conclusión de que todos somos libres, libres de optar, pero NO SOMOS LIBRES DE LAS CONSECUENCIAS  DE NUESTROS ACTOS, éstos son los que son, irrevocablemente. Por esto, el conocimiento de la verdad, nos llevará a tomar las decisiones más acertadas con consecuencias proporcionales. Por el contrario, tomar decisiones equivocadas o fundadas en parte de la verdad, traerán consigo consecuencias a corto, medio o largo plazo dolorosas para las personas, ya que la realidad siempre termina por imponerse. La verdad de las cosas no se escapa.
2.    La cultura actual es muy interpretadora e imitadora. El hombre cede con facilidad ante lo que está de moda y la publicidad. Con cierto sentido del humor se podría decir que el mundo tiende a parecerse a un McDonald’s, que no valora la individualidad de la cocina. Por tanto, la cocina elaborada -siguiendo con la ironía-, tiende a recordar que el ser humano es responsable de su propia vida, de su propio comportamiento, y después saborea los frutos de sus obras (C. Deustua)
Puede verse explicación ampliada y más profunda en: La banalidad del mal: Hannah Arendt
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  1. Soy joven aun, me asusta darme cuenta que no siempre lo que veo es la verdad, necesitamos ejemplos de personas reales que sean fiables. Es lo que yo quiero en mi vida, para mi y para los mios

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